dijous, 11 de juny del 2015

¿QUÉ ES LA DISCIPLINA?

¿Qué es la Disciplina?

Miguel Guzmán – Coach Personal y Profesional

“Autodisciplina es hacer lo que deberías hacer, cuando deberías hacerlo, tanto si te apetece como si no”
Brian Tracy
* La productividad en nuestro trabajo diario
* La productividad en nuestros proyectos personales (por ejemplo en mi caso, esta web y todos sus proyectos derivados)
* Hacer deporte, como por ejemplo ir al gimnasio o salir a correr
* Seguir una dieta
* …
Aceptación: saber qué nivel de disciplina tenemos, de qué somos capaces y de qué no
Fuerza de Voluntad: la capacidad de actuar con energía en un momento determinado, aunque no se sostenga en el tiempo
Trabajo Duro: la capacidad de hacer lo que es difícil y retadoro.
Laboriosidad: la capacidad de realizar el trabajo, es decir, aplicar el tiempo y el esfuerzo necesario hasta que esté hecho, aunque sea algo rutinario y aburrido
Persistencia: la capacidad de seguir adelante cuando perdemos la motivación, el esfuerzo sostenido a lo largo del tiempo
Recompensa Inmediata vs Recompensa Aplazada
Ternura – mmm, ¡qué rico! ¡no sé yo si podría aguantarme!
Inercia y Acción
Ejercicios de Disciplina
Levántate todos los días a la misma hora
Haz la cama según te levantes
Vístete adecuadamente
Ponte música motivadora
Visualiza tu objetivo
Comienza ordenando y organizando
Conquista la primera hora
Evita las distracciones
Controla las pausas
Si piertes inercia, recupérala lo antes posible
No olvides tus recompensas
Conclusiones
La disciplina es, básicamente, la capacidad de pasar a la acción aunque no tengamos motivación.
Se trata de un recurso personal y como tal podemos desarrollarlo al igual que cualquier otro de nuestros recursos, características o habilidades. Con una mayor disciplina tendremos la capacidad de pasar a la acción más rápidamente, con menor esfuerzo, y cada vez de forma más independiente de nuestro estado interno y de nuestra motivación.
La disciplina nos es especialmente útil en aquellos casos en que la motivación para realizar una tarea no es inmediata, sino que se consigue tras un esfuerzo sostenido a medio o largo plazo. Estas son algunas actividades en las que tener más disciplina nos ayudará considerablemente:
Como cualquier otro recurso (sociabilidad, capacidad de organización, asertividad…) la disciplina puede desarrollarse. Es igual que entrenar un músculo o aprender una nueva habilidad. Si estamos desentrenados, sentiremos que tenemos poca disciplina y cualquier problema nos parecerá un desafío retador, pero poco a poco podemos aumentarla y desarrollarla al igual que cualquier otra habilidad o característica. En este artículo veremos algunas técnicas para empezar a entrenar nuestra disciplina.
El autor de desarrollo personal Steve Pavlina ha desarrollado un modelo de autodisciplina basado en cinco pilares: Self-Discipline (en inglés – de momento). Este modelo me parece correcto, simple y elegante, así que ¿para qué reinventar la rueda? Así que mientras lo traducimos (¿algún voluntario?) os resumo aquí las componentes de la autodisciplina en este modelo:
Personalmente, el modelo de Steve Pavlina me ha sido de gran utilidad para desarrollar mi propia autoestima, partiendo de la base de conocer mis propias capacidades (Aceptación) y comprender para desarrollar progresivamente el resto de características. Muy recomendable.
Por cierto, Steve Pavlina y otros muchos autores hablan de “Autodisciplina” porque parece un término más suave, menos marcial, menos militar. A mí personalmente me gusta más “Disciplina” directamente, opino que no es necesario cubrirla de azúcar, disciplinarnos a nosotros mismos es un esfuerzo duro pero que redunda en unos resultados muy productivos. Y a mí me gusta que suene marcial :)
Una nota importante: si lo que tienes que hacer no te motiva pero nada de nada, en ningún momento, en ningún caso, bajo ningún concepto… entonces lo que sucede es que no te gusta lo que haces, y ahí tienes otro problema distinto al de la autodisciplina, y es que lo que quieres hacer no está alineado con tus valores. Este caso ya lo trataremos en otros artículos.
Por nuestra propia naturaleza, como norma general los humanos preferimos algo que podemos obtener inmediatamente a algo que obtendremos más tarde, incluso aunque esto último pueda ser mejor.
En psicología esto se llama Recompensa Inmediata frente a Recompensa Aplazada.
En el experimento de las nubes de golosina de Stanford (Stanford Marshmallow Experiment, en inglés), se les ofrecía a los niños una nube de golosina (recompensa inmediata), pero si eran capaces de esperar 15 minutos sin comérsela, les daban dos(recompensa aplazada). Aproximadamente un tercio de los niños fueron capaces de aguantar la tentación de comerse la golosina. Lo curioso del experimento es que años más tarde se demostró una correlación muy importante: los niños que habían sido capaces de controlar sus impulsos habían tenido más exito en sus vidas.
Nubes de golosinaAhora pensemos un momento en qué dilemas parecidos se nos plantean a nosotros diariamente en nuestras vidas, y qué elecciones tomamos ante ellos:
* ¿Me quedo sentado en mi sofá viendo la tele que estoy muy cómodo (recompensa inmediata) o salgo a hacer deporte, o a ir al gimnasio, para bajar unos kilitos y ponerme en forma (recompensa aplazada)?
* ¿Me como este donut de chocolate que está tan rico (recompensa inmediata) o me hago una ensaladita para mantener mi línea (recompensa aplazada)?
* ¿Me quedo durmiendo un rato más (recompensa inmediata) o me levanto según suena el despertador y me pongo a hacer algo productivo de mis proyectos(recompensa aplazada)?
Todos tenemos claro que la segunda opción es mejor que la primera, pero, ¿cuántos de nosotros elegimos consistentemente la segunda opción, día tras día, elección tras elección tanto si nos encontramos pletóricos y energéticos como si estamos tristes, desganados o apáticos?
Stephen Covey en su libro “Primero, lo primero” habla de La Integridad en el Momento de la Elección: aunque hayamos hecho unos planes fantásticos, es en estos momentos cuando nuestros mejores deseos se ponen a prueba.
La disciplina es aquí la capacidad de elegir, conscientemente y consistentemente, la opción que más nos interese a medio y largo plazo, que esté más alineada con nuestros objetivos y que nos vaya a propocionar los resultados que más deseamos. Es, básicamente, la capacidad de elegir la recompensa aplazada que más nos interese.
Por cierto, en el experimento de Stanford también se demostró que el control de impulsos crecía junto con la edad de los niños: niños más mayores tenían más autocontrol. Creo que todos estaríamos de acuerdo en que una persona sin autocontrol puede considerarse una persona inmadura, y de la misma manera desarrollar nuestra disciplina nos hace estar más en control de nuestras vidas y ser unas personas más centradas y conscientes.
Recordemos: la disciplina es la capacidad de pasar a la acción aunque no hayamotivación.
Si estamos extraordinariamente motivados, no nos hace falta disciplina. Si te dieran un millón de euros por ir hoy al gimnasio (recompensa inmediata), anda que te iba a faltar tiempo para saltar del sofá y salir corriendo por la puerta como alma que lleva el diablo. Sin embargo algo más lejano como tener un cuerpo bien formado dentro de varios meses (recompensa aplazada) no te provoca la misma motivación.
La inercia es la propiedad de mantener un estado de movimiento o de reposo en ausencia de fuerzas externas. Es decir, la inercia es lo que nos mantiene en un estado de acción o inacción.
Normalmente lo que nos cuesta más es arrancar, y seguir haciendo una tarea una vez comenzada ya nos cuesta algo menos. Por ejemplo, cuando vamos al gimnasio regularmente, nos cuesta menos esfuerzo acudir, pero si dejamos de ir por un tiempo, por ejemplo en vacaciones, como hemos perdido la costumbre, volver a retomarlo nos cuesta mucho más.
La disciplina es, por tanto, la capacidad de superar la inercia de la inacción, desarrollar inercia de acción, y mantener esta inercia de acción en el tiempo.
Cuando perdemos la inercia de actuar, nos cuesta recuperarla. Es un esfuerzo, una energía que estamos utilizando para ponernos en marcha cuando podríamos estar utilizándola para obtener resultados. Por eso es tan importante no perder la inercia una vez que la tenemos.
La inercia sobre la acción es como la aceleración sobre la velocidad. Imagina un pesado camión por la carretera. Le cuesta acelerar, pero una vez que ha conseguido una cierta velocidad ya no cuesta tanta energía mantenerla. Pero si tiene que frenar, nuevamente necesita una gran cantidad de energía para volver a la velocidad que tenía antes.
Los ejercicios de este artículo sirven para desarrollar la capacidad de luchar contra la resistencia de la inacción, y conseguir inercia para pasar a la acción o para mantenerla.
Y una vez que desarrolles tu disciplina, pasar a la acción no será como hacer acelerar un pesado camión por una carretera cuesta arriba, sino como pisar el acelerador de un deportivo.
Aquí están algunos de los ejercicios y hábitos que he implementado para desarrollar mi disciplina. Por supuesto puedes escoger muchos otros y desarrollar los tuyos propios, si se te ocurren más compártelos con nosotros en nuestro foro.
Porque al final el cuerpo se acostumbra: ¿no te ha pasado que cuando estás una temporada levantándote a la misma hora, eres capaz de despertarte a esa hora justo antes de que suene el despertador? Sucede lo mismo cuando voy al gimnasio todos los días a esa misma hora, según va llegando el momento mi cuerpo empieza a reaccionar porque ya sabe lo que le toca.
Es lo que queremos conseguir, un hábito o una costumbre que nos ponga en “piloto automático” y no tengamos que tirar de fuerza de voluntad.
Por cierto, ya que estamos, levántate según suena el despertador, y no le des al botón de repetir la alarma a los 10 minutos. Cuesta más fuerza de voluntad levantarse del tirón, pero luego te sientes mucho mejor (y ya no vas con el tiempo justo).
Vaya, ¿por qué empezamos por esto? ¡Qué pereza hacer la cama nada más levantarnos! Pues precisamente por eso, para empezar a condicionar a nuestro cerebro, a nuestro estado interno, a entrar en un modo de disciplina, un modo de acción. Hay que hacer lo que hay que hacer, y mientras antes lo hagas, mejor.
Hay una razón por la que a los soldados se les instruye para hacer la cama en perfecta forma: porque condiciona tu cerebro a entrar en un modo de disciplina.
Por la misma razón, lo idóneo es realizar lo antes posible cualquier pequeña tarea que tendemos habitualmente a postergar: lavar los platos después de comer, deshacer la maleta cuando volvemos de viaje, etcétera etcétera.
Por ejemplo si trabajas desde casa, o si vas a echar un rato a tus proyectos personales durante el fin de semana, vístete igual que si fueses a la oficina. No se trabaja igual con pijama y bata que vestido con ropa de trabajo (vaaale, puedes quitarte la chaqueta y la corbata ;)). Nuevamente, la idea es inducirnos un estado mental y emocional de trabajo, no de descanso.
Esto pasa muy a menudo cuando vamos al gimnasio, antes de ir, no tenemos ganas de ir, cuando estamos yendo, no tenemos ganas de ir, cuando estamos entrando por la puerta, tenemos ganas de irnos a casa a descansar, pero una vez que nos ponemos la ropa de deporte, ¡en ese momento ya por fin nos entran ganas de darle duro!
Tu cerebro asocia tu vestimenta, y otros muchos factores del entorno, a un estado interno determinado, así que cuando te pones esa ropa, te es más fácil volver a entrar en ese estado.
¡Ponte traje! Porque va a ser legen…
Por la misma razón que lo anterior. No es lo mismo empezar tu sesión de entrenamiento escuchando cualquier tontería que pongan en el hilo musical que con el Gonna Fly Now.
Personalmente para el ejercicio y la actividad física me gusta música más cañera, y para trabajo intelectual prefiero música clásica o bandas sonoras. ¿Cuáles te gustan a ti? Elige tu música para cada momento.
Cuando toca ir al gimnasio puedes pensar una de estas dos cosas:
“Qué pereza me da ir al gimnasio, con lo agustito que estoy acostao / viendo la tele / jugando al ordenador”
“Qué buen cuerpo se me va a quedar y qué salud de hierro voy a tener si sigo yendo al gimnasio como hasta ahora”
Diferente, ¿verdad? Imagínate con el objetivo ya conseguido. Imagínate ese proyecto terminado con las felicitaciones de tus jefes, ese artículo ya publicado con los comentarios agradecidos de tus lectores (guiño, guiño ;)), tu casa perfectamente limpia y ordenada, el cuerpo que deseas obtener. Visualizalo como si ya lo hubieses conseguido, imagina la situación y métete completamente en ella: ¿qué cambiaría? ¿qué percibirían los demás? ¿cómo te sentirías tú?
Visualizar el objetivo conseguido nos da esa motivación extra que a veces nos hace falta, especialmente cuando el objetivo es a largo plazo (recompensa aplazada), es una forma de “traernos” el resultado del futuro y que nos motive como si lo tuviésemos delante.
Suelo comenzar el día ordenando y organizando mi entorno. Dedico unos 5-10 minutos a ordenar mi escritorio, a revisar mis tareas pendientes de días anteriores y a planificar las tareas del día que comienza.
Es una actividad sencilla que pone mi cerebro en un estado lógico, de orden y procesado, que me facilita abordar luego la primera de las tareas de mi lista. Además, el hecho de no tener distracciones visuales alrededor (desorden, montañas de papeles, cualquier otra cosa que no vaya a utilizar inmediatamente…) me ayuda a relajarme y por tanto a concentrarme mejor en la tarea a realizar.
(Las distracciones visuales nos afectan sobre todo a aquellos que trabajamos en “modo visual”. En PNL definimos tres modalidades de procesamiento del entorno : Visual, Auditivo y Kinestésico. Las personas que trabajamos en modo visual prestamos más atención a las imágenes, por tanto ver desorden nos distrae más que, por ejemplo, a alguien que trabaje en auditivo, quien se distraería más con los ruidos.)
Ya hablamos de esto en el artículo de Conquista el Día. La primera hora es el timón del día, es decir, define la dirección que seguirá el resto de la jornada.
Si un domingo decido trabajar en Éxito Personal en casa, y me levanto tarde y lo primero que hago es ponerme a jugar a videojuegos, ten por seguro que la mayoría del día se me irá jugando a videojuegos.  En cambio, si después de desayunar me pongo directamente a escribir material para los cursos, un artículo para la web, o cualquier otra tarea útil, lo más seguro será que ese sea finalmente un día productivo.
Recuerda algún día muy productivos y algún otro día poco productivo, seguramente el principio del día dictó la tónica general. Y si no, haz la prueba y ya verás.
Las distracciones son las curvas, los baches y los badenes de la carretera. No sólo nos hacen perder el tiempo (por eso se les llama ladrones de tiempo) sino que también nos hacen perder la concentración, nos quitan la inercia que tanto nos ha costado conseguir.
Algunos consejos para evitar las distracciones:
No compruebes el correo constantemente. Peor aún tener abierto un programa de correo que se lo va bajando automaticamente y pita cada vez que llega correo nuevo. Salvo que tu trabajo consista en contestar correos urgentes, no pasa nada por comprobar el correo entre que terminas una tarea y empiezas otra nueva en lugar de cada 5 minutos.
Pon el móvil en silencio. Ya devolverás las llamadas cuando termines la tarea que estás realizando. (Usemos el sentido común: obviamente, si tu trabajo o parte de él consiste en atender al teléfono, no deberías hacer esto, al menos si quieres conservar tu trabajo).
Cierra el navegador web. La tentación de conectarte al correo web, al facebook, tuenti, twitter, menéame, marca o la que quiera que sea tu web favorita es demasiado grande. En mi caso, como voraz consumidor de información que soy, mi mayor ladrón de tiempo es el Google Reader. Si puedes trabajar con el navegador cerrado es más complicado saltar rápidamente a una web de entretenimiento, con lo que te distraes menos.
No dejes que las pausas para el café de 10 minutos se conviertan en media hora, ni que los descansos entre ejercicio y ejercicio en el gimnasio se conviertan en una tertulia de sobremesa con tus compañeros.
No es que no puedas tomarte un descanso de vez en cuando, de hecho es importante que lo hagas. Lo que sucede es que cuando esos descansos se alargan demasiado, pierdes inercia, y luego te toca recuperarla.
Varios de los consejos anteriores sirven para recuperar la inercia si la pierdes, y si no simplemente empieza por una tarea pequeña que te pueda servir para volver a acelerar.
Hablamos de “Recompensa Aplazada” no de “Recompensa Inexistente, ¡Trabaja Hasta Reventar, Maldito!”. Cuando vayas cumpliendo tus tareas, date tus recompensas. Darte pequeñas recompensas cuando vas completando pasos de un proyecto más grande sirve para acercar la recompensa aplazada que se vislumbra a medio o largo plazo. Puede ser desde una taza de té por haber estado un buen rato trabajando en un proyecto determinado, como ir a dar un paseo o ver una película cuando hayas completado todas las tareas del día.
Hemos visto que la disciplina es la capacidad de hacer lo que tenemos que hacer, o lo que nos hemos propuesto hacer, independientemente de que nos apetezca hacerlo o no.
Podemos entrenar y desarrollar nuestra disciplina al igual que cualquier otra característica o habilidad. Para ello podemos practicar el ir adquiriendo pequeños hábitos que nos ayudan a adquirir y a mantener la inercia que nos ayuda a realizar estas tareas.
Ejercitando nuestra disciplina poco a poco conseguiremos que cada vez nos cueste menos esfuerzo hacer aquello que tenemos que hacer, o que queremos hacer porque sabemos que es bueno para nosotros, pero nos da pereza o nos aburre hacerlo en un momento determinado. Según vayamos adquiriendo más disciplina esto nos costará cada vez menos esfuerzo y obtendremos cada vez mejores resultados.
¿Y tú qué tal? ¿Cómo andas de disciplina? ¿Qué técnicas utilizas para coger inercia y pasar a la acción? Puedes comentar este artículo en nuestro foro: Disciplina.
Miguel Guzmán – Coach Personal y Profesional



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